PAUL Krugman, premio Nobel de Economía de 2008.Hacia la tercera recesión.


PAUL Krugman, premio Nobel de Economía de 2008, dijo el año pasado que temía que estuviésemos ya en las fases iniciales de una depresión, y que, probablemente, caso de que se produzca, ésta se acabará pareciendo más a la larga depresión del siglo XIX que a la Gran Depresión del siglo XX. Krugman ya le ha bautizado a esta nueva depresión con el nombre de Tercera Depresión.
Este prestigioso profesor de la Universidad de Princeton, además de ser uno de los economistas más influyentes del mundo es un divulgador que escribe habitualmente una columna de opinión en el New York Times y es una referencia obligada en los estudios económicos que versan sobre cómo salir de la crisis económica y financiera. Este economista americano mira con lupa, desde hace años, la situación económica española. Para él, España tiene solo dos salidas. La primera es incrementar su competitividad a base de disminuir sus salarios; la segunda, es salir del euro y devaluar su moneda.
La salida de España del euro no es una idea descabellada. Suecia, que no pertenece a la Eurozona, ha podido salir de la crisis más rápidamente y fácilmente que Finlandia, que sí pertenece a la Eurozona. Pero salir del euro es mucho más difícil que entrar en él. La salida del euro no significaría tener que salir de la Unión Europea. Ahora bien, el capital financiero alemán y francés, que posee gran parte de la deuda española, no lo va a permitir, pues ello significaría enormes pérdidas para los bancos alemanes y franceses. España podría utilizar su salida del euro como amenaza, sabiendo que eso acarrearía un grave problema sobre todo para el capital financiero alemán. El gobierno español debería utilizar su salida del euro como baza para la negociación con la UE, sin descartar en caso último que ello ocurriera. La situación actual es insostenible, pues la economía española va a seguir así durante muchos años, con un problema enorme de desempleo. No podremos salir de la crisis mientras no disminuya el desempleo. Y para ello es esencial que el Estado lo cree. Si España, que tiene un determinado estado del bienestar, tuviera el porcentaje de la población activa que tiene, por ejemplo, Suecia, tendría 5 millones más de puestos de trabajo, lo cual automáticamente eliminaría el desempleo. El Estado debería crear empleo masivamente, estimulando la demanda y corrigiendo el enorme déficit social de España.
A España le iría mejor ahora mismo si nunca hubiese adoptado el euro, pero tratar de dejarlo crearía una enorme crisis bancaria, ya que los depositantes correrían a llevar su dinero a otra parte. Así que España es prisionera del euro. ¿Podría España tratar de escapar de esta trampa abandonando el euro y restableciendo su propia moneda? La respuesta es no. ¿Por qué España tiene tantos problemas? La culpa es del euro y de los especuladores.
Por cierto, durante los años buenos, el gobierno español pareció ser el modelo de responsabilidad tanto fiscal como financiera: a diferencia de Grecia, operaba con excedentes presupuestarios, y a diferencia de Irlanda, trataba muy duro (aunque solo con éxito parcial) de regular a sus bancos. A finales del 2007, la deuda pública de España, como una parte de la economía, era de solo cerca de la mitad que la de Alemania, e incluso ahora sus bancos están, desde luego, mejor que los bancos británicos.
Sin embargo, bajo la superficie evolucionaban los problemas. Durante el auge, los precios y los salarios aumentaron con mayor rapidez en España que en el resto de Europa, lo que ayudó a alimentar un gran déficit comercial. Y cuando reventó la burbuja, la industria española se quedó con costos que la hicieron poco competitiva con otros países.
Si España aún tuviera su propia moneda, como Estados Unidos o como Gran Bretaña, podría haber permitido que cayera, haciendo que su industria volviera a ser competitiva. Sin embargo, con el euro, esa opción no es posible. España debe lograr "la devaluación interna": debe reducir los salarios y precios hasta que sus costos vuelvan a estar en línea con los de sus vecinos.
Pese a que España no tiene una crisis de solvencia, ya que nuestra ratio de deuda pública es la más baja de la Eurozona, sí tiene un grave problema de liquidez. En las crisis de liquidez, el precio de los bonos y su diferencial son indicadores importantes. Cuando el país no puede refinanciar sus vencimientos de deuda es cuando se ve obligado a pedir ayuda financiera al Fondo Monetario Internacional.
Las pruebas de una contracción económica mundial se suceden, sin que se vea un atisbo de mejora por ningún lado. En España el debilitamiento de la recuperación económica se produce en un entorno marcado por el agravamiento de la crisis de deuda soberana en la zona euro. Bajo una lluvia de datos negativos y con el país convertido en diana de los especuladores del mercado de deuda, solo podemos esperar a que la tormenta pase. Y que la depresión no dure demasiado tiempo.